Carta para alguien
Sólo quisiera que no me detestes, que no me
ignores, que no me descuides.
Las fisuras del alma, a esta altura, son
irreparables. Espero que con el pasar de los días se tornen menos insoportables.
Lo maravilloso y lo extraño han quedado
dispersos en esa hendidura. Racionalmente le atribuyo su origen a la pérdida. A pesar de que estimo
que empezó a resquebrajarse lenta e inadvertidamente antes del suceso.
Ocurre que poseo pasajes secretos,
incongruentes, siniestros. Corren sigilosamente entre las neuronas y el líquido cefalorraquídeo. Por esos atajos transmigran los sentimientos, puros e
impíos. Se conectan, se entrecruzan. Ciertas veces provocan cortos. Es entonces
cuando una emoción fallece, y es irremplazable. Existe la posibilidad de generarse una nueva, un
tanto semejante, pero no más que eso.
Los recuerdos, bajo la sombra de los años, son
imágenes imprecisas, sombrías. La invisibilidad de lo certero bordea la figura
del consuelo.
Las arterias tomaron de rehenes a los glóbulos
rojos, estrechándolos hasta el punto de desintegrarlos. Yo ví cuando los
linfocitos procreaban sin parar. Observé a los neutrófilos encayarse en el
istmo y la esperanza impertérrita en el alma. No siempre acontece lo que uno
añora.
Fue ahí que empezó todo. La lucha entre lo
anímico y lo físico. La ciencia se tornó altiva e indiferente ante lo
inteligible. Algunas veces los sentidos nos engañan y enmascaran los mañanas
como días placenteros cuando no lo son. El hecho es que ya no logro vislumbrar
la sombra del pasado, porque la oscuridad viaja ineludiblemente hacia el
futuro, sin estación de parada, sin recambio ni espera.
Ahora me derrumbo en la geografía de mi
espacio inalienado. Me replico, con lo poco que queda sano. Hundida las
mejillas, adosadas a los maxilares, no queda otra alternativa. Se despliega mi
otro yo, urdido entre alambres y cordeles, labrado con cinceles dos laureles.
Se traspola, se aleja y me abandona. Es la carne subsumida por la gloria
derrotada; o quizás el alma, que se esfuma de mi apesadumbrada memoria.
Elizabeth Gröbli - 04/01/15


























